La infidelidad, en la realidad y en la ficción.

Mayo 30, 2007

Lo que las lectoras de novela romántica no quieren en sus novelas ni las personas, en sus vidas.


Siempre me he considerado bastante flexible en cuanto a la temática de los libros que puedo llegar a leer. El requisito imprescindible tiene que ver más con la técnica del escritor que con el tema que trata: si atrapa mi interés en las primeras dos o tres páginas, me lo quedo, sino, no. El genero que me gusta escribir, sin embargo, es estricto en cuanto a lo que debe abordar y lo que no. Y la infidelidad es un “no”, clarísimo.

Justamente de esta cuestión habla este post reciente en Romancing The Blog. Pero no fue precisamente el post, que mantiene la postura del “no” y la argumenta, lo que atrajo mi atención, sino uno de los cincuenta y tantos comentarios que recibió. Mel, en su comentario, dice:
“El amor verdadero trata de perdonar y aceptar a las personas por lo que son, incluidos sus errores. Me sorprende que tanta gente menosprecie las novelas románticas que incluyen la infidelidad hasta el punto de que no leerían el libro. Pienso que algunas de las mejores relaciones que conozco son las que rotas por la infidelidad, lograron reconstruirse a través del amor, el perdón y la comunicación. De esto trata el amor y si un escritor es capaz de escribir tal historia, yo lo soy de leerla. En realidad, puede tener mucho más que un final feliz, puede ser una historia realmente hermosa”.

Efectivamente, la postura del “no” gana por goleada, por motivos que con distintas palabras resumen un mismo concepto extensamente arraigado en sociedades de tradición cristiana: el romance es solo de dos personas y solo entre un hombre y una mujer. El perdón también es un valor cristiano, que sin embargo sigue siendo asignatura pendiente para la mayoría de los seres humanos.

Esta encuesta realizada por la MSNBC.com e iVillage el pasado febrero entre 70,288 lectores, corroboró este extremo: más del 70% sostuvieron que la infidelidad no es justificable bajo ninguna circunstancia. El 43% de las mujeres y el 37% de los hombres dejaron a su pareja después de descubrir que le habían sido infieles…

A pesar de lo cual, casi la mitad de los encuestados admitió haber sido infiel alguna vez en su vida, por razones con matices así de diferente entre hombres y mujeres:

El 44% de los hombres buscaba sexo más frecuente y el 40%, sexo más variado.
El 40% de las mujeres buscaba mayor atención emocional y el 33%, sentir que seguían siendo deseables.

El perdón (de una infidelidad o cualquier otro error “grave”) es una asignatura pendiente, sin duda, pero ¿hasta el punto de ni siquiera soportar la infidelidad como conflicto de trama en una novela romántica? ¿Qué opinas?


Bombón, capítulo 5

Mayo 26, 2007

Lee gratuitamente el quinto capítulo de esta novela romántica.

Ya está online, abierto a lectura. Está aquí, al final del post.

¡Buena lectura!
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Novela romántica: ¿Por qué nos critican tanto? – I

Mayo 23, 2007

Si lo que se cuenta es una historia de un hombre y una mujer con todos los ingredientes sabrosos de una buena historia de amor -encuentros, desencuentros, pasión, sexo, etc.-, sin el típico final feliz, es narrativa femenina (o masculina) y todo el mundo contento. ¿Te acuerdas de “El último tango en París”? Cuando se estrenó fue como una fiebre: si no habías visto la película, no estabas en la onda. Y cuando algún tiempo después se editó el libro, fue más de lo mismo.

Con la literatura erótica, salvando las distancias, pasa algo similar: si sales de la librería de turno con, por ejemplo, “Querido amigo” de Angélica Gorodischer(1), una hermosa y curiosa novela erótica ambientada en Oriente, en el siglo XIX, eres una lectora “culta” que lee a escritoras talentosas y galadornadas.

(1)Angélica Gorodischer es una escritora argentina contemporánea, autora de varios títulos premiados en géneros tan diversos como el fantástico, la ciencia ficción, el relato histórico y la novela erótica.

Prueba a elegir un libro que cuente una historia de amor entre un hombre y una mujer, sea erótica o no, y que tenga un final felíz, y entras sin paradas técnicas en la categoría de lectora de novela rosa. O como se las llama ahora con un nombre menos malsonante, novela romántica, a pesar de lo cual, sigue siendo aludida por muchos como el antecedente literario de las telenovelas. Como no veo telenovelas, no sabría decirte si la alusión me parece acertada o no, pero por lo que escucho a mis conocidas comentar, me da que hay una diferencia considerable entre “Pasión de gavilanes” y “Sentido y sensibilidad” (Jane Austen)…

Como en todas las ramas del arte, hay obras que me gustan y otras que no. Honestamente no creo que lo que nos conecta con un libro (o cualquier otra manifestación artística) tenga que ver con tecnicismos y valoraciones de críticos entendidos en la materia. Además, la novela romántica es un género que aborda cuestiones que nos tocan en lo más profundo de nuestro ser: hablan de sentimientos, de sueños, de expectativas. Y cuando te enteras que Nora Roberts acaba de ser incluida por la revista Time entre las 100 personas más influyentes, en una lista que reune a los “100 hombres y mujeres cuyo poder, talento o ejemplo moral están transformando el mundo”, empiezas a entender por qué, a pesar de los críticos y los calificativos peyorativos, el género vende como rosquillas: son mucho más que mero entretenimiento. La revista Time dice que Nora consigue que “cada historia que escribe sea fresca y esperanzada” . Casi nada.

Por si este dato es tomado con escepticismo por algún criticón redomado que te de la brasa por leer el género, aquí transcribo (traducidas) unas respuestas que encontré en este blog . Usalas a discreción :-)

Del post “La diez respuestas para la gente que critica la novela romántica”.

1. Muérdeme.
2. Acércate y dímelo de nuevo.
3. ¿Qué es lo que más te molesta, el sexo o el romance?
4. No. No me río contigo, me río de ti.
5. ¡Tú, fuera de mi planeta!
6. Procuraré ser más amable si tú procuras ser más listo.
7. Cuando quiera tu opinión, te daré la mía.
8. Eso explica muchas cosas.
9. Besa mi culo pintado al pastel.
10. 55 millones de lectores.

Nota: Las últimas dos respuestas fueron añadidas a la lista original por Angela Booth, una escritora profesional australiana, que leo bastante y que también ha hecho incursiones en novela romántica histórica, aunque su fuerte es escritura corporativa (webs, blogs, escritura freelance). Si te interesa el tema, no dejes de visitar su blog.


Bombón, capítulo 4

Mayo 19, 2007

Lee gratuitamente el cuarto capítulo de esta novela romántica.

Ya está online, abierto a lectura. Está aquí, al final del post.

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Melodías y palabras.

Mayo 16, 2007

La música no solo amansa fieras, también inspira a escritoras de novela romántica.

Me gusta visitar los blogs y webs de escritoras, me gusta leer sobre sus hábitos y sus cosas favoritas. A menudo descubro que comparto con algunas de ellas más de lo que a priori me parecía y en algunos casos, directamente, me sorprendo. Fue el caso de Marnie Pehrson: todavía no he leído ninguno de sus libros, pero sus posts creo que me los he leído todos.

Todo empezó por uno en particular que publicó en agosto del año pasado y al que llegué de “causalidad”, titulado “The Music of My Heart” (La música de mi corazón). Hablando de la importancia que ha tenido la música en su vida, dice que tanto es así que “no es capaz de ponerse a escribir una novela sin antes crear la banda sonora”. Los ojos se me quedaron pegados a esa línea porque en mi caso es igual: existe una historia, unos personajes y una música asociada que suena mientras escribo. Pero es que cuando seguí los enlaces de su blog y llegué a la “banda sonora” de una de sus novelas, la sorpresa fue mayúscula: dos de las canciones de su banda, están en una de las mías (Breathe de Faith Hill y Believe de Brooks&Dunn). Y no son precisamente Top40 en el mundo…

Para mí también la música es un ingrediente fundamental en mi vida, y de la misma manera que los sabores o los olores evocan recuerdos, en mí, la música tiene ese efecto: trae a mi mente, con una nitidez increíble, momentos vividos y con ellos, todas las emociones. En mi caso, además de estar presente mientras escribo, es fuente de inspiración: tenía en mente las historias que quería desarrollar en mi serie Sintonías, pero me faltaba la ambientación. Estaba escuchando música, como siempre, y una línea de la canción que sonaba en ese momento, entró en mi cerebro como un láser. No creo en las casualidades y suelo seguir mis pálpitos, así que me puse a buscar información sobre la canción y el cantante sin perder ni un minuto. Y voilà: su biografía me dio lo que necesitaba. Media hora más tarde, tenía la ambientación para mis tres historias: una familia grande y generosa, en la que hijos biológicos conviven con niños de acogida. La canción, bonita por cierto, es Every Time I Hear Your Name y el cantante, Keith Anderson.

Y aunque Keith se parece algo al protagonista de mi tercera novela, como suele ocurrir, la ficción supera la realidad: mi Jason es muchíiiiiisimo más guapo :-)


Bombón, capítulo 3.

Mayo 12, 2007

Lee gratuitamente el tercer capítulo de esta novela romántica.

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Escenas de sexo explícito y novela romántica II

Mayo 9, 2007

Cuando el romance se reduce a un par de escenas íntimas.

En la primera parte de este post comentaba que en la categoría novela romántica se dan demasiadas cosas por hecho. Me refería a la práctica, cada día más habitual, de incluir escenas de sexo explícitas en novelas románticas no eróticas. O lo que yo llamo “penes a go-go”: comprar una novela romántica normal porque pinta bien, echarte en el sofá a leerla y sin previo aviso, por la página sesenta -o antes-, encontrarte leyendo la descripción de una escena erótica que encaja tan poco con el desarrollo de la historia que vuelves a mirar la cubierta para ver si es la misma novela, o alguien te la cambió sin que te dieras cuenta.

Personalmente, me dice más una escena sensual, que una sexual, pero si la historia está bien contada, una escena explícita bien construida puede darle un toque de fantasía que las lectoras de la categoría saben valorar. Mientras esté bien hecha, cuadre en la historia y yo sepa de antemano que voy a encontrar ese tipo de escenas en el libro, me parece bien.

Lo que está pasando de un tiempo a esta parte, es justo lo contrario: las escenas explícitas crecen como champiñones, aparecen sin anunciarse y no suelen estar bien escritas. Surfeando la web reecontré un blog que leía bastante y perdí de vista al cambiar de newsreader. Justamente, en uno de sus posts recientes pone sobre la mesa este tema. Kimber An en Romancing the Blog plantea hasta qué punto la inclusión de “escenas de sexo escritas según la fórmula” (escenas que no fluyen bien con la historia, que están en la novela porque “es lo que se lleva”) se debe a la presión de editores y agentes, o a la decisión de la autora de sacrificar lo que de otra forma sería una buena historia para asegurarse la publicación o buenas cifras de venta.

Parece claro que editoriales y agentes sugieren a los autores la inclusión de este tipo de escenas: demasiadas novelas las incluyen hoy en día como para que sea una coincidencia. Pero, como indica Kimber An, puede salirles el tiro por la culata. Su post recibió varios comentarios que como mínimo cuestionan que las lectoras de novela romántica deseen realmente sexo explícito en sus lecturas (¡había quien comentaba que se saltaba las páginas con escenas íntimas!). Si quieres echarle un vistazo al post, lo encuentras aquí.

Como escritora, me gustan los desafíos. Me han sugerido que ir “más allá” en alguna escena de una novela mía en particular, realzaría la historia y lo consideré. Llevaba varios meses leyendo este tipo de escenas y me pareció un buen experimento. ¿Estarán incluidas en la versión final? Si cuando vuelva a leer la novela editada disfruto tanto como disfruté al escribirlas, sí. De otra forma, no. Escribo las historias que me gustaría leer y no me interesa publicar algo que yo no disfrutaría leyendo.

Como lectora, en novela romántica aprecio más lo sugerido que lo explicado. Fantasear está bien, va con la categoría y a nadie le amarga un dulce, pero si le van a cortar las alas a mi imaginación explicándome lo que viene después, más vale que lo hagan bien. Especialmente, estaría bien que no se olvidaran que, como la mayoría de las mujeres adultas de hoy en día, ya se cómo se hace. De las historias de amor, me interesan las historias no las lecciones de anatomía :-)

¿Tú qué opinas? ¿Eres de las que se salta las escenas “eróticas” que no vienen a cuento? ¿O como yo, cortas por lo sano y archivas la novela en la papelera (después de incluir al autor en tu lista negra)? ¿No tienes la impresión de que últimamente se publican demasiadas novelas románticas en las que el amor parece ser lo de menos?


Bombón, capítulo 2

Mayo 5, 2007

Lee gratuitamente el segundo capítulo de esta novela romántica.

Ya está online, abierto a lectura. Está aquí, al final del post.

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¡Y felíz fin de semana!


Amantes de la novela romántica, a pesar de las traducciones.

Mayo 2, 2007

Los que me conocen saben que aunque escribo novela romántica desde la prehistoria de mi vida, a su lectura llegué bastante más tarde y lo hice leyendo a escritoras de habla inglesa en versión original. No fue hasta el año pasado, cuando me propuse publicar, que tuve la (mala) idea de leerlas traducidas al español.

Francamente, lo primero que pensé fue que vaya club de fans más fiel forman las aficionadas a este género, que las compran cada vez más a pesar de las pésimas traducciones disponibles en el mercado.

Hice el experimento de leer las versiones traducidas de algunas de mis novelas favoritas… ¡Qué desilusión! ¡Qué ganas de tirarlas a la basura!

No fue solamente la cuestión de los gazapos y horrores como los que plantean las chicas de Autoras en la Sombra en este post que los había, fue principalmente que “la voz” de la escritora se diluía hasta casi desaparecer por la mala traducción. Era… ¿cómo decirlo? como si el lenguaje que se usó para traducir no se correspondiera con el tiempo o el tono que se usó para escribir la historia.

Cuando lees una novela romántica histórica esperas un cierto refinamiento del lenguaje, no solo en los diálogos. Cuentas con que habrá palabras, más “formales” digamos, que conoces aunque generalmente no usas. Si se trata de una novela contemporánea, la cosa cambia. O debería. En las versiones originales lo hace; en varias traducciones que leí, no. Palabras como “espetó” o “perplejo” coexisten con jerga actual, creando líneas de diálogo de este tipo: “¡¿Cómo me dices eso, joder?!- espetó Martina, perpleja”. Es como si lo que está entre guiones lo hubiera escrito alguien de tu quinta, y lo que viene después del guión, una amiga de infancia de tu tatarabuela.

La cuestión de la mala calidad de las traducciones es un tema que afecta a la literatura en general y del que se viene hablando bastante: en los últimos seis meses uno de mis escritores favoritos, Javier Marías, lo trató en su artículo semanal para la revista El País. También leí un par de artículos en Babelia (el suplemento de los sábados del mismo periódico), esta vez enfocados desde el punto de vista de los otros perjudicados de esta historia: los traductores profesionales que ven mermados no solo sus ingresos sino su prestigio -el del gremio-, porque algunas editoriales, por cuestiones económicas, dan las traducciones al mejor postor -en este caso, al que les cobra menos-.

No se tú, pero yo echo muchísimo de menos esas versiones traducidas, con notas de pie de página, en la que el traductor (profesional, claro) daba detalles sobre expresiones, sucesos o palabras usadas en la versión original. Gracias a ellas, el mundo creado por el autor me parecía mucho más cercano.


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