Novela romántica, amor verdadero y cuentos de hadas – II

Mayo 14, 2008

“El problema no es que las novelas románticas no sean realistas. Simplemente, la mayoría de nosotros no sabemos cómo hacer que esta clase de amor dure. Pero podemos aprender…” Brenda Novak, autora de novela romántica.

Hace un tiempo escribí la primera parte de esta entrada sabiendo que habría más porque mientras leía el artículo fuente me venían a la cabeza montones de imágenes, de momentos reales y de ficción. Estoy tan convencida de la utilidad de algunos de sus consejos para “hacer que el amor verdadero dure toda la vida” como de que la novela romántica es un campo de prácticas excepcional. Tanto que de hecho lo hice carne. Quiero decir, novela.

Cuando surgió la idea de escribir Sintonías allá por el 2006, me plantée cómo sería el amor entre dos personas que se centran en los que las une, en vez de hacerlo en lo que las separa, en las diferencias. El resultado son tres historias que tienen como denominador común que uno de los miembros de la pareja recorre esa milla extra que lleva del “tú ya sabes que te quiero” al “porque te quiero y pienso en ti, … [te lo demuestro así]“. Mi toque personal -y también una muestra de mi confianza en el sexo masculino- es que en Sintonías, quienes recorren esa milla son ellos: Jordan (Bombón), Mark (Primer amor) y Jason (Amigos del alma -próximamente-).

Es llamativa la cuestión de las diferencias ¿te has fijado? Pasado el primer tiempo de enamoramiento, aquello que nos atrajo, que nos sedujo de la otra persona se convierte en una de las tantas cosas más de nuestra vida que damos por hecho. Entonces las diferencias ocupan el lugar y la energía de lo que antes nos maravillaba: las resaltamos, las magnificamos y les concedemos un protagonismo total.

Pero ¿las entendemos? ¿comprendemos que esas diferencias no son necesariamente “defectos”? La naturaleza femenina es diferente de la masculina. Es más que una mera cuestión de sexos: miramos el mundo con ojos distintos. Y aunque hablemos el mismo idioma, nos comunicamos con lenguajes diferentes. La mala noticia: aprender a decodificarlos lleva tiempo; la buena: el amor es el lenguaje universal. Allí donde las palabras se quedan cortas, la intención de hacerle sentir al otro que es fundamental en tu vida hablará alto y claro.

¿Cómo expresar esa intención? Como sea, mientras lo hagas con constancia y determinación: sencillo o elaborado, romántico o apasionado… Prueba a ver qué te funciona mejor. Novak da una serie de pautas interesantes (si el inglés no es lo tuyo, usa el traductor de Google o BabelFish).

O también puedes ver cómo lo hacen mis hombres de ficción, se expresan de maravilla con eficacia demostrada ;-)


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