Princesa, mi nueva novela romántica – Extracto 3

Diciembre 24, 2009

 

Como lo prometido es deuda, aquí tienes el tercer y último extracto de Princesa.

Con él, me despido hasta el año que viene, deseándote de corazón que tengas una Feliz Navidad, y un 2010 lleno de deseos cumplidos…
Y, por supuesto, mucho, mucho romance ;-)

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             —Hola, vecina ¿qué, haciendo footing?

Tess se detuvo y se volvió hacia la voz con resignación. Por alguna razón que no acababa de comprender, su pelilargo vecino, con el que no había coincidido ni una sola vez en diez años, ahora era una visión recurrente, como si formara parte del paisaje.

Ella se miró su propia indumentaria deportiva en un gesto ostensible.

Ya que la respuesta resulta obvia —dijo al fin con una expresión fingidamente interesada—, deduzco que en realidad no era una pregunta, ¿verdad?

Desde el suelo donde desmontaba una pieza metálica, Dakota soltó la carcajada. Se puso de pie, meneando la cabeza incapaz de creer que aquella mujer pudiera ser tan rebuscada y que a pesar de serlo, le resultara tan jodidamente atractiva, aunque eso era harina de otro costal, y se dirigió hacia ella, limpiándose la grasa de las manos con un trapo.

Deduces bien —dijo con una sonrisa cautivadora—. Se llama hablar por hablar y la gente vulgar lo hace todo el tiempo ¿por qué no pruebas, a ver qué tal?

Ella jamás hablaba por hablar ¿acaso tenía algún sentido?, lo que no creía, en absoluto, que la convirtiera en alguien especial. Y en circunstancias normales, se lo habría dicho sin ambajes. Éstas, no lo eran.

Simplemente, porque Tess se había quedado atrapada en aquella sonrisa. En sus labios delgados, perfectamente delineados, que lucían húmedos y de un color rosado fuerte, como si llevaran carmín. Podrían ser unos labios de mujer, pensó. Pero no pertenecían a una mujer, y la media perilla apenas una franja corta y estrecha de pelo que nacía debajo de su labio inferior y le llegaba hasta el final de la barbilla, daba fe de ello.

Dakota la miraba sonriendo, entre expectante y divertido, y ella…

Tess era consciente de que él se estaba burlando, y lo hacía con descaro, pero su cerebro, era evidente, había decidido ignorar la burla y concentrarse en aquella boca que, inexplicablemente, encontraba… ¿apetecible?

Inglaterra, concluyó ella mirando a otra parte con una creciente sensación de bochorno, no le estaba sentando nada bien si podía encontrar algo “apetecible” en aquel niño descarado. Y cargó las tintas sobre la palabra “niño” en un intento de que su propio cerebro recordara que la criatura tenía tan solo veinticuatro años.

Sin embargo, Tess no consiguió apartar la mirada lo bastante rápido, que no pasó desapercibida a Dakota. Entonces, un relámpago, cargado hasta los topes de energía, atravesó al hombre de la media perilla, despejándole todas las dudas que tuviera al respecto: jugaría aquel juego. A pesar de que era la peor idea del mundo, jugaría aquel juego hasta el final.

Todo su lenguaje corporal se transformó en un segundo, pero Tess, ocupada en sus propios pensamientos, no se percató.

Corriente —dijo ella mientras quitaba una pelusa imaginaria de su top negro, poniendo fin al incómodo silencio.

Él frunció el ceño. —Corriente ¿qué?

Se dice gente corriente —aclaró Tess—. Es lo más apropiado en este caso.

La sonrisa apetecible volvió a hacer acto de presencia, aderezada con una pizca inocultable de desafío, anuncio de la carga de profundidad que él estaba a punto de lanzar.

Te gusto cantidad, ¿eh?

Ella alzó las cejas, sus ojos lo escrutaron como si todo él fuera un código cifrado.

Gustar era un concepto muy amplio, pensó Tess, y muy relativo; también le gustaban los mojitos y el tabaco, y hacía más de dos años que no probaba ni lo uno ni lo otro.

Ya lo creo —replicó ella, en tono de guasa, dispuesta a practicar aquel arte insólito de hablar por hablar, ya que él decía que era tan “vulgar”—. Aún no he decidido qué me gusta más de ti, si tu corte de pelo estilo Kurt Cobaine después de un mal viaje, o tus modales exquisitos. Especialmente, cuando bebes latas de gaseosa —hizo una pausa para mirarlo, altiva—. Pero no te apures, cuando lo decida te lo haré saber.

No esperaba enojarlo aunque, desde luego, le habría gustado, y efectivamente, no lo enojó. Al contrario, lo vio asentir repetidas veces con la cabeza sin perder la sonrisa, y Tess tuvo la sensación de que él continuaría con las puyas, pero no fue así.

¿Cuándo vuelves a Boston?

Me voy el sábado —replicó ella, preguntándose a qué se debía aquel inesperado cambio de tercio.

¿Tan pronto? La echaría de menos. Hacía siglos que lo más interesante que Dakota encontraba en la parcela vecina eran los tangas de la hija menor de los Gibb, secándose al sol.

Cuando había sol, claro.

Tres días no daban para muchas florituras con una mujer como aquella.

Vale. Entonces, nada de florituras. —Así que la cosa está entre mi pelo y mis modales —comentó él, divertido, al tiempo que le daba la espalda y se dirigía al interior del garaje.

A Tess le pareció que él volvía para ocuparse de su “princesa” de hierro, su moto, a la que siempre estaba limpiando y sacando brillo, pero en aquel momento Dakota se quitó la camiseta, y un instante después, cuando ella aún no había tenido tiempo de recuperarse de la sorpresa, él se llevó una mano al cabello, y lo liberó de la banda con que lo sujetaba en una coleta baja.

A continuación, se quedó tal como estaba, exhibiéndose con desparpajo, esperando pacientemente a que la medicina hiciera efecto.

Los ojos de Tess siguieron los trazos del dragón bicéfalo de dientes amenazadores, cuyas alas desplegadas rodeaban los hombros de Scott, como si estuvieran abrazándolo. Su sinuoso cuerpo, cubierto de escamas, zigzagueaba a lo largo del eje central de la espalda masculina, con una belleza transgresora propia de las obras de Don Ed Hardy.

Aquello era un festín visual en escala de azules, violetas y rojos, volcados sobre un lienzo excepcional.

Sin embargo, Hardy no podía haber sido el autor de aquel tatuaje. Entre otras razones porque ya se había retirado antes de que Scott naciera.

Y además, ni siquiera alguien con semejante sentido de la estética, habría podido concebir una visión tan fantástica como aquella voluptuosa cola dentada de dragón desapareciendo bajo la cintura de los calzoncillos, que asomaban, sugerentes, por encima de los tejanos.

 La sola idea de averiguar cómo sería el final del tatuaje la hizo suspirar. Entonces, Tess volvió a la realidad, roja de vergüenza, y Dakota, con una sonrisa radiante, se echó la prenda al hombro, dando por finalizado el espectáculo.

Acabo de hacerte más fácil la decisión ¿a qué sí? —dijo, mirándola de soslayo antes de atravesar la puerta que comunicaba el garaje con la vivienda—. Por si no nos vemos de nuevo, que tengas buen viaje.

Vaya, si lo había hecho.

Tess acababa de descubrir que le encantaban los dragones.

En especial, los de cola dentada.

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© Patricia Sutherland

 


Princesa, mi nueva novela romántica – Extracto 2

Diciembre 17, 2009

Aquí va otro fragmento romántico de mi nueva novela, en esta ocasión un poquito más sensual. Para compensar los fríos polares que azotan la península, ya sabes ;-)

Que lo disfrutes, y hasta la semana que viene.

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Tess echó un vistazo a su alrededor. Una de las tres chicas que ocupaban la mesa próxima, dejó de hablar al ver que ella las miraba, y entre risas y cuchicheos siguieron a lo que estaban tan pronto Tess apartó la vista. Se preguntarían qué hacía un “chico como él” con una “anciana como ella”, era evidente. Lo cual no hizo más que confirmarle sus propios pensamientos: no debía permanecer allí por más tiempo.

Escucha… —dijo, y Dakota alzó los ojos por encima de su vaso de café y la miró, haciendo que ella deseara que la tragara la tierra. ¿Qué estaba haciendo allí con aquel niño guapo que apenas acababa de cumplir los veinticuatro? ¿Acaso había perdido el juicio?—. Creo que esto no es una buena idea.

Y no terminó de decirlo, que ya estaba manoteando sus cosas y poniéndose el abrigo para irse. Se habían encontrado por casualidad, era cierto, pero ella sabía perfectamente cuáles eran sus pretensiones, ya que él, en ningún momento, se había molestado en ocultarlas.

Lo mejor es que me vaya —añadió con decisión.

¿Qué no es una buena idea? —apuntó él, risueño, al tiempo que tiraba suavemente de su manga, instándola a que volviera a sentarse— ¿Esperar a que deje de diluviar mientras tomas café en un Starbucks?

Tess suspiró. Se sentó a regañadientes, pero no se quitó el abrigo porque no pensaba quedarse. No debía quedarse. Diría lo que tenía que decir, y luego se marcharía. Diluviara, o no.

Vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana que vive aquí y es de tu misma edad, está enamorada de ti.

¿Y…? —replicó él, de lo más fresco.

No seas cruel… —lo reprendió, como si se tratara de su hijo adolescente—. Y no te atrevas a tomar sus sentimientos a la ligera.

Él, sin embargo, “lo tomó” como acostumbraba a hacer con todas las cosas; a broma.

¿Cruel? —dijo Dakota, aguantando la risa— Joder, deberían multarte por hablar así…

Tess se limitó a bajar la vista mientras esperaba que las carcajadas cesaran, cosa que no tardó en suceder.

A ver, ricura… —empezó a decir él con un tono no exento de cierta ternura—. Primero, paso de tu hermana, y segundo, estoy aquí contigo porque quiero…

Al ver que ella seguía con la vista baja, Dakota dejó la frase a medias. Extendió una mano y atrajo su barbilla, obligándola a mirarlo.

Ambos se estremecieron.

Y ambos intentaron ocultarlo a su manera: ella apartó la cara, evitando el contacto; él continuó hablando con su inseparable sonrisa burlona.

Que yo sepa, no te he pedido nada. Solamente te he invitado a un café… Así que, no le busques la quinta pata al gato ¿vale?

No lo has hecho, pero lo harás —sentenció Tess, y lo miró directamente a los ojos, ignorando el calor que le arrebolaba las mejillas.

Vaya, eso era poner la directa, pensó Dakota al tiempo que se recostaba contra el respaldo, alucinado, y hasta cierto punto, descolocado.

La estudió un buen rato, en silencio, sin salir de su asombro. Desde la última vez que se habían visto, cuatro meses atrás, algo había cambiado en la forma en que se relacionaban. Esta conversación no tenía nada que ver con la inofensiva “batalla dialéctica” que habían compartido en el verano a través de la valla que separaba los patios traseros de sus respectivas casas. Entonces, al recordarlo, él cayó en la cuenta de otro detalle. Tess le había asegurado que no volvería a Londres por Navidad, que no planeaba “disfrutar de otro jet lag” en mucho tiempo.

Pero era Navidad, y ella estaba en Londres. Tomándose un café con él, aunque dijera que era una mala idea.

El corazón de Dakota lo festejó con un redoble antes siquiera de que la pregunta acabara de tomar forma en su mente…

¿Había vuelto por él, para verlo?

Al primer redoble siguió otro, y otro más…

Y luego, una sucesión de estremecimientos, anunciándole que el número de revoluciones se acercaba peligrosamente al límite…

Y finalmente, una sonrisa incrédula… Cuando él se descubrió agradeciendo que aquel bendito lugar estuviera tan lleno de gente, y que ella, la mujer culpable de ponerlo como una moto, fuera alguien tan poco dado a montar numeritos. De otra forma, el espectáculo estaría servido.

Cuando instantes después, Dakota volvió su vista hacia ella, él ya no sonreía. Lo vio incorporarse en la silla e inclinarse hacia adelante sobre la mesa, hasta que ambos estuvieron muy cerca. Tess arqueó las cejas en un gesto característico que solía poner cuando aquel angel del infierno decía algún sinsentido, o ella intuía que estaba a punto de hacerlo.

Pero mientras él permaneció en silencio, sus ojos se ocuparon de desnudarla, y ahora, le devoraban los labios…

Dejando a Tess, literalmente, sin aire.

Dime una cosa, nena… —murmuró Dakota al fin, y su mirada ardiente se desplazó de la boca femenina, a sus ojos— ¿tengo pinta de ser de los que lo piden?

Ella tardó en sobreponerse al devastador efecto de aquel avance descarado.

Tardó en conseguir que su respiración volviera a ser normal, y también en lograr que el cerebro fuera capaz de centrarse nuevamente.

Con la vista fija en la cucharilla con la que removía el café, a salvo de la intensidad de aquella mirada que aún la hacía temblar, Tess se tomó su tiempo, sabiendo que recuperaría el control de sus emociones. Así había sido siempre: no había llegado tan lejos en su vida y en su profesión por ser alguien voluble, precisamente.

Y así continuaría siendo.

Lo harás, Scott —respondió cuando estuvo segura de que su voz sonaría firme y serena—. Y yo te diré que no. Porque vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana está enamorada de ti… ¿Podrás soportarlo?

Ella se puso de pie y cogió sus cosas. —No tienes pinta de ser de los que soportan que una mujer le diga que no.

Tess se alejó sin que Dakota hiciera el menor ademán de detenerla.

Su mirada, en cambio, dominada por el fuego que aún ardía en su interior, la siguió hasta que ella abandonó el local y se mezcló con la multitud que atestaba la calle.

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© Patricia Sutherland




Princesa, mi nueva novela romántica. Extracto 1

Diciembre 10, 2009

Vuelve la lluvia de nieve a WordPress, anunciando que se acerca una época del año que me encanta: el tiempo de disfrutar de la compañía de gente que quiero pero no puedo ver tan a menudo como me gustaría, y compartir con ellos recuerdos y proyectos.

Y de compartir también trata esta entrada -y las dos que quedan hasta que me vaya de vacaciones-: de compartir contigo algunos trocitos de mi nueva novela romántica, Princesa.

Tengo permiso para reproducir algunos fragmentos de la novela, así que me siento como una especie de “Papá Noel anticipado”, repartiendo romance.

Aclaraciones:

1) Se trata de un extracto, el primero de tres que publicaré. Para los capítulos abiertos habrá que esperar un tiempo porque en Jera Romance planeamos algo distinto en esta ocasión. Pero como es una sorpresa, no diré más; y

2) las fotos que decoran la entrada son una alusión intencionada, pero no auténtica. Él no es el héroe de Princesa ;-) (y no “te lo pidas”, porque está casado y tiene cuatro churumbeles ¿vale?)

Vamos allá…

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Sinopsis:

Theresa Gibb, Tess, es una inglesa culta e independiente que vive en Estados Unidos desde hace años. La editorial para la que trabaja en Boston, acaba de nombrarla editora jefe de una nueva colección de la que se hará cargo tan pronto regrese de Londres, de visitar a los suyos.

Pero lo que prometía ser poco más que unas cortas vacaciones en familia, se convierte en un viaje que transformará completamente su vida cuando recuerdos del pasado se entremezclan con la familiaridad del entorno, y Tess se da cuenta que lleva años echándolo en falta.

Todo continúa igual que en sus recuerdos, entrañable y a la vez, irremediablemente pasado: su familia, su casa, su barrio, su hermana…

Todo excepto él, Dakota, -el vecino de al lado-, un anti-héroe por el que Tess se siente inexplicablemente atraída, a pesar de ser el amor platónico de su hermana…

Y diez años mayor que él.

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Tess pasó la hoja y espió por el rabillo del ojo los movimientos en la parcela contigua.

Confirmado, Melenita de oro acababa de repantigarse en un sillón, bote de Coca Cola en mano. Adiós tranquilidad.

Vaya plan más guay ¿vas a pasarte las vacaciones leyendo en el jardín de la casa de tus viejos? escuchó que él le preguntaba.

Él, según decían, era Scott al que, inexplicablemente, todos llamaban Dakota, pero ella seguía albergando serias dudas al respecto. Le resultaba imposible encontrar algún punto en común entre el púber desgarbado y con la cara cubierta de granos por el que su hermana bebía los vientos desde el parvulario, y el impertinente ángel del infierno que ahora aceleraba la moto ex profeso cuando pasaba junto a Tess, en un alarde de desafío exhibicionista con el que además, cuando llovía, conseguía ponerla perdida.

Pero allí estaba, fuera quien fuera. Otra vez.

Tess volvió la cara hacia la alambrada desnuda, en otros tiempos cubierta por un tupido seto que una infestación por fitóftora había hecho necesario arrancar el último otoño. Él sonrió, burlón, pero su mirada, que ella estaba completamente segura de que sería del mismo tenor que la sonrisa, permaneció oculta detrás de unas gafas de sol negras, como el resto de su indumentaria. Notó que, a ratos, daba sorbos a su bebida.

Desde luego, a ella nada le gustaría más que poder leer tranquila, pero hoy no tendría esa suerte. No sabía si él salía al jardín posterior de su casa porque le gustaba disfrutar del esquivo sol londinense, o si lo hacía solamente porque sabía que a Tess le gustaba, y quería estropearle el momento.

Y tu plan ¿cuál es? replicó ella ¿Invocar a las tinieblas vestido de gótico a las doce del mediodía? Conseguirás que se ponga a llover.

La primera reacción de Dakota fue sorprenderse. Por una vez, la mayor de las hermanas Gibb se dignaba a respoder. Desde que había llegado de Boston, hacía un par de semanas, se había limitado a echarle miradas con mensaje y volver a su lectura.

Joder, si hablas y todo… dijo, divertido, mientras empujaba las gafas hacia atrás hasta ponérselas de diadema.

Por lo visto, estaban a punto de mantener una conversación como las personas normales, y si era así, él no quería perderse ni un solo detalle. Pero entonces, cayó en la cuenta de lo que acababa de oír, las palabras de Tess volvieron a resonar en su cerebro, y su segunda reacción fue urticante:

Aunque a la reina de las pijas se lo pareciera, él no era un jodido gótico.

Ella, en cambio, era justamente lo que parecía, y, al menos a Dakota, siempre le había parecido lo mismo; una repipi que hablaba raro, y miraba a todo el mundo con aires de superioridad.

Tess, en apariencia, tan ajena como indiferente a los pensamientos de su vecino pelilargo, había vuelto a concentrarse en el libro, y él, simplemente, no pudo resistir la tentación.

Dakota bebió un buen trago del bote, disfrutando anticipadamente de lo que vendría a continuación.

Entonces, un sonido grave, inconfundible, salió de su boca… De tal mal gusto, que hizo que Tess cerrara el libro de un golpe seco y se pusiera de pie, a un tris de decirle con todas las letras lo que pensaba de él.

En el último segundo, sin embargo, decidió que decir “eres un grosero” sólo causaría gracia a alguien evidentemente acostumbrado al descaro y a la vulgaridad. De modo que, manteniendo la boca bien cerrada, le dio la espalda, y se puso a recoger sus cosas de la mesilla.

Él sonrió satisfecho. Volvió a colocarse las gafas y recostó la cabeza contra el respaldo, dejando que el sol le entibiara la piel.

Por eso no me gustan las latas comentó, malicioso. Cada vez traen más gas.

Lo siguiente que oyó fueron los pasos de Tess, alejándose, y luego, un sonoro portazo.

Qué genio… —añadió él, y suspiró. Lo malo era que le gustaban las maduritas ariscas. Cuanto más ariscas, mejor—. Mmm… Ganas me dan de…

Dakota meneó la cabeza y cambió el rumbo de sus pensamientos.

Déjate de tonterías, chaval.

No se le había perdido nada en aquella historia. En lo que a él concernía, la hermana menor era un pelmazo y la otra, una pija insufrible.

Y lo mejor que podía hacer era tenerlo bien presente. Que no se le ocurriera olvidarlo.

Ni por una centésima de segundo.

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© Patricia Sutherland


Mujeres que salen con hombres más jovenes—II.

Abril 21, 2009

Mujeres que salen con hombres más jovenes – II.
La diferencia de edad en la vida real y en la ficción.

Hace varios meses, cuando abordé el tema del creciente número de relaciones que se establecían entre mujeres y hombres varios años más jovenes que ellas, comenté que tenía en mente el argumento de una novela cuyos protagonistas reproducían este patrón. Concretamente dije:

Así que volviendo a la ficción, tengo a mi protagonista femenina, una mujer de treinta y cinco, con una profesión que la apasiona pero consume la mayor parte de su tiempo. Desde que se independizó de sus padres apenas cumplida la mayoría de edad, siempre ha vivido sola y nunca se le ha pasado por la cabeza formar una familia, ni siquiera es consciente de su “reloj biológico”. Hasta que por eso de que los polos opuestos se atraen, el que ejerce tal magnetismo sobre ella es uno, entre otras cosas, bastante más jóven. ¿Cuánto más? Todavía no lo veo claro.

Finalicé aquel post, que puedes leer aquí, pidiendo tu opinión en forma de comentario. Algún tiempo después añadí una encuesta: “Él es diez años menor que tú. ¿Importa la edad a la hora de plantearte una relación seria con él?”. Ofrecí tres opciones: a) No; b) Sí; y c) Tendría que pensármelo.

Y adivina ¿qué? Ha ganado el “no”, lo cual me convenció de que si al 56% de las votantes no les importa la diferencia, y otro 23% no lo descarta aunque se lo pensaría ¿por qué mi protagonista femenina iba a alinearse con la minoría? De eso, nada :-)

De modo que aquí estoy, después de tres largos meses de ausencia. He vuelto con la Primavera, pero no lo hago con las manos vacías: te dejo la portada de mi nueva novela, Princesa, de la que irás recibiendo más información las próximas semanas…

princesa-cover-medsize

Y si eres la dueña de uno de los comentarios o votos que tanto me han ayudado a definir un aspecto importantísimo de esta historia, un “gracias” enorme.


Melodías y palabras-II

Noviembre 5, 2008

La banda sonora de mi última novela, Amigos del alma.

Hace varios meses en esta entrada comentaba que la música es un ingrediente importante de mi vida. Ya sabes, hay quien se levanta y dice no ser persona hasta que se toma un café; otros, como yo, ponemos música antes de sacar los pies fuera de la cama. Cuando Apple lanzó el IPod, para mí fue un día de fiesta: poder comprar las canciones individuales que me gustaban, descargarlas en un abrir y cerrar de ojos y tenerlas siempre disponibles en un aparatito que cabe en el bolsillo monedero de los vaqueros… Sencillamente ideal.

Y como ya te estarás imaginando, a la hora de escribir siempre está presente, ayudándome a conseguir el estado mental adecuado para cada escena y cada capítulo. Por eso hoy quiero dedicarle esta entrada a los 5 temas de la banda sonora de Amigos del Alma. ¿No es una pena que las novelas no las incluyan en los “créditos” como se hace en las películas?

Aquí va entonces, mi reconocimiento a estas canciones, sus creadores y sus intérpretes por los momentos increíbles que me proporcionaron:

  1. Every Time I Hear Your Name, Keith Anderson.
  2. Since You’ve Been Gone, Day26
  3. Slow Down, Bobby Valentino.
  4. Moving Mountains, Usher
  5. Kill Me Now, Rio Grand  (Canción No.4 de su reproductor web)

Capítulos abiertos para las enamoradas de la novela romantica-III

Octubre 22, 2008

Amigos del alma, capítulos abiertos.

Ha llegado un momento que siempre espero con ilusión, la de compartir contigo, libremente, algunas páginas de mi última novela. Para mí es un placer encontrar un rinconcito apartado de cualquier librería y dedicarme a hojear un libro que me atrae, y me encanta la idea de que tú puedas hacer lo mismo con uno mío.

Tal como hice con las dos primeras entregas de Sintonías, cada sábado a partir del próximo añadiré aquí el enlace a un capítulo abierto. ¿Novedades? Pues sí, éstas:

  1. Son archivos pdf que se abrirán en página nueva para permitirte leer online. Por supuesto, también puedes descargarlos de la forma habitual.
  2. No habrá posts específicos anunciando que he añadido otro enlace, pero incluiré un recordatorio al final de cada entrada semanal, que como sabes, publico los miércoles. Si recibes mi blog por RSS o por email (sí, también puedes recibirme por email. El formulario para solicitarlo está a mano derecha, hacia el final) verás el recordatorio. Y si no habías pensado en suscribirte a mi blog, este es un buen momento para hacerlo :-)
  3. A mediados de diciembre, retiraré los enlaces excepto a los capítulos promocionales. Todos los capítulos que se hayan abierto a lectura seguirán estando disponibles en Jera Romance bajo suscripción.
  4. Amigos del alma, empieza de una forma peculiar: con un capítulo 0. ¿Qué es esto? Bueno, supongo que un invento mío. Es un capítulo, dividido en tres partes, que cuenta los sucesos inmediatamente anteriores al Prólogo de la novela. En Jera Romance les pareció que lo más correcto era llamarlo capítulo de lanzamiento, pero dejando cuestiones semánticas aparte y para que nos entendamos: hace a la novela Amigos del alma pero no está incluida en ella.

Hechas las aclaraciones pertinentes…

¿Lista para disfrutar de una historia de almas gemelas?

Entonces, empecemos.

Amigos del alma, Sintonias 3

Amigos del alma, Sintonías 3

Capítulo 0, 1º Parte

Capítulo 0, 2ª Parte

Capítulo 0, 3ª Parte

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2


Amigos del alma, una historia de almas gemelas: sus protagonistas – II

Octubre 15, 2008

A la protagonista femenina de Amigos del alma, no le di belleza física como hice con las de las primera y segunda entrega de la serie. Gillian tiene algo que yo llamo grandeza de espíritu, que la hace poderosa en el buen sentido de la palabra, porque tira de lo mejor que hay en cada uno. Es de ese tipo de persona, que todos hemos conocido alguna vez en la vida, a cuyo lado te sientes bien, a gusto. No entiendes muy bien cómo sucede, pero sucede.

Aunque Jason hable de lo mucho que le gusta su pelo largo y sus formas divertidas, la verdad es que lo que lo encadena a ella es que para él, Gillian es gigante.

Y efectivamente lo es, por su esperanza imbatible y su profunda capacidad de agradecimiento.

Esta es Gillian McNeal, el ángel de Sintonías.


Amigos del alma, una historia de almas gemelas: sus protagonistas – I

Octubre 8, 2008

En este caso no se cumple lo de “las damas primero” ya que empezaré por presentarte al héroe de Amigos del alma, Jason Brady.

Y hay una buena razón para ello (además de encandilarte con la visión de un hombre que no tiene desperdicio :-) )

Normalmente son ellos, los protagonistas masculinos, quienes aparecen en mi mente; ellas vienen después, como resultado de dar forma a un personaje adecuado a ese protagonista y a esa historia. Sintonías fue justo lo contrario: primero apareció la protagonista femenina de esta novela que ocupa el tercer lugar en el orden de publicación, y alrededor de ella se desarrolló todo lo demás.

Podría hablar largo y tendido de las virtudes de Jason Brady. También de sus defectos, que los tiene. Pero sólo diré una cosa: es un hombre hecho a la medida de una gran mujer.

¿Quieres conocer al alma masculina de Amigos del Alma? Aquí la tienes.


Amigos del alma, mi nueva novela romantica

Octubre 2, 2008

“…El corazón no es todo calor y fluidez. Tiene sus corrientes frías y sus áreas heladas. Una dificultad en una relación puede ser como el mármol de Miguel Angel enfrentado a su martillo y cincel: la figura que está dentro esperando ser esculpida no es fácil de percibir, y definitivamente es invisible excepto al ojo poético. La insensibilidad es una vía, un camino perverso hacia una más profunda y posiblemente más honesta participación en la vida… Una relación conmovedora [como la de las almas genelas] no es un regalo simple, exige ser cultivada de manera muy atenta…” Thomas Moore1, “Almas gemelas: honrando los misterios del amor y la relación”.

Septiembre ha sido un mes especial para mí. Además de mi período de descanso en el que disfruté de unas buenas vacaciones en un lugar verdaderamente exótico, ha sido el mes en que vio la luz Amigos del alma, la tercera y última entrega de mi serie Sintonías.

Y la que inspiró la creación de la serie… ¡Es increíble cómo pasa el tiempo! Desde que una canción que pasaban por la radio me diera la historia de fondo, el soporte sobre el que desarrollar la serie, han pasado casi dos años y medio.

Pero ya está aquí y es tiempo de hablar de ella.

Amigos del alma es una historia de almas gemelas con un toque diferente. ¿Diferente en qué? Bueno, normalmente se da por supuesto que las personas que mantienen este tipo de conexión la descubren al instante: se ven y lo saben. Pero expertos y estudiosos del tema sostienen que no necesariamente es así. Tema complejo el de las almas gemelas… Tantos años fantaseando con tu otra mitad, e igual resulta que la pasaste de largo y ni te has dado cuenta :-)

En el caso de Amigos del alma costó pero como no podía ser de otro modo, hubo final feliz. Elegí la cita de Thomas Moore que abre esta entrada porque resume fenomenalmente bien la relación de Jason y Gillian: les llevó varios años mirarse con ojos poéticos, y para que la relación romántica cuajara hizo falta además que uno de los dos “la cultivara de manera muy atenta…”.

Durante las próximas semanas te hablaré de sus protagonistas y te daré acceso a enlaces a preview de algunos capítulos, como hice con las dos entregas anteriores de la serie, pero ahora te dejo con la presentación de la novela.

Amigos del alma, Sintonías 3

Amigos del alma, Sintonías, 3

1 Thomas Moore es autor de “El cuidado del alma” entre otros best sellers.


Novela romántica: la importancia de un buen título.

Julio 16, 2008

Es lo primero con que el lector establece contacto y la primera barrera que un escritor debe sortear.

Cierto que una buena portada ayuda, pero en esos escasos segundos que separan al posible comprador de decidirse por echar un vistazo más detenidamente al libro que sostiene entre sus manos o continuar con otro de las decenas que esperan en la estantería, un título potente se lleva la palma.

Un buen título no garantiza un buen libro pero puede influirnos a comprarlo. ¿Quién no oyó alguna vez del exitazo de los ‘60 que prometía desvelar “todo lo que siempre habías querido saber sobre sexo y nunca te habías atrevido a preguntar”, y luego, a la hora de la verdad, parece que para la gran mayoría de adultos no desveló tanto que no supieran ya?

Y al revés, hay buenos libros que de haberse publicado con su título original habrían pasado sin pena ni gloria. Leyendo hace poco sobre el tema, encontré algunos datos curiosos, como por ejemplo que:

  • el título original de la novela que hoy conocemos como Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, era “Mañana es otro día” (Tomorrow Is Another Day) y el nombre de su protagonista, Scarlett, era “Pansy”. Los dos, sin duda, cambios muy convenientes ¿no?;
  • el editor de Peter Benchley rechazó todos los títulos de su primera novela incluidos “el gran blanco”, “el tiburón”, “el ascenso de Leviatán” y “las mandíbulas de la muerte” hasta que al final, parece que de pura frustración, Benchley le pasó un título final: Jaws (Mandíbulas). O como se la conoce en español, Tiburón;
  • el título original del best seller romántico de Jacqueline Susann El valle de las muñecas era el poquísimo sugerente “No se construyen monumentos a los hombres de negocios”.

Sí, desde luego a veces te llevas sorpresas con los títulos… Yo todavía recuerdo una novela romántica bastante conocida que compré influída por el título y acabé, por la décima página, archivando en la papelera. Más aburrida que seducida, la verdad.

Y también recuerdo que como un mes después de que Jera Romance publicara la segunda novela de mi serie Sintonías, Primer amor, a raíz de que algunos internautas llegaran a mi blog buscando un capítulo 54 que la mía evidentemente no tenía, me enteré de que hay una telenovela famosa que tiene un título parecido.

Vaya coincidencia para alquien que como yo no ha seguido una telenovela en su vida…

Y no es broma ;-)


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